Antes de que todo se acabe,
decirte que creo en la última esperanza.
Que se repite la historia y mis lágrimas no valen,
pero que no acabe la andanza.
Que en tu defensa no quieres oírme,
pues yo me niego a perderte,
y está cabrón cuando te evades y me ignoras
y muy feo cuando me deseas suerte
con otra.
Yo no me dejo al azar,
si existiera el destino, el mío sería ahora.
Ya no hay, para mí, mayor soledad
que saber que tú estás sola.
No puedo más, no te lo perdonaré en la vida,
no lo olvidaré jamás, no vuelvas a hablarme nunca...
Quieta y calma que eso duele.
Para mañana ya, si tal, me quito los ojos:
no sé si para no llorar,
no sé si para no sufrir al verte.
Te dejo de escuchar,
yo, que pensaba que era el único
al igual, siendo uno más
y no. Esto se vuelve cínico.
Aunque te calles, aunque te caiga,
no son más que pendejadas
y antes de irme a dormir,
que quede claro que estas almas hoy se aman.