Vistas de página en total

viernes, 13 de marzo de 2015

Perdido.

He salido del bochorno,
la gente está alborotada.
No llueve, ya es de noche,
el frío me coge
y no te tengo en mi almohada.
Faltas tú
que, haces que falte yo,
que vea sin luz
y que me cague en Dios;
que el pobre, lleno de mierda,
está cansando de mandar
y sale por la puerta pequeña,
sin molestar, dando paz.
Yo te busco, en medio del ajetreo,
en las miradas de la gente
te busco pero no me veo.
Busco rápido, lentamente,
busco pensar a contracorriente,
ser de tu mente residente,
ser una ola de mar caliente,
ser ceniza ardiente;
ser esa sensación de ti,
de vivir por lo que sientes
de follarnos, pensando en morir
y de llorar frente con frente.
Te sigo buscando y te encuentras
opuesta a mi,
a diez metros en un callejón sin salida
del que acabas de salir.
Y avanzas sin percatarte,
soy yo el que está pálido,
blanco y paralizado,
soy yo el que está ahí,
esperando el pecado.
Pues una soberbia tuya bastará para sanarnos.
Mis piernas se quedan en un enclave,
entre el suelo en el que pisas
y mi corazón que ya no late.
Me quedo quieto, tú caminas,
luego pasas por delante
y yo sigo todo mueble, pudiendo respirar tu aire...
Mujer que apareciste,
siendo el pequeño detalle,
hazme hablar para decirte
que necesito que me calles.
Ya ves chica, ya ves, para ti estoy de oferta,
como si fuese el Corte Inglés.
Estoy de temporada, para ti estoy poeta,
de los que hablan del mañana
esperando el ayer, donde tenías interés
de beberme a las diez, de comerme a las tres,
de decirme 'veo, veo' y ser yo lo que ves.
Una monada dantesca, 
castigado a la libertad,
a tener suerte si te encuentra
y sino, a volver a empezar.

'Esta es mi confesión
y, si en ella nada digo,
es que nada tengo que decir.'



No hay comentarios:

Publicar un comentario