Miremos atrás e veamos los recuerdos,
veamos los momentos que estarán ahí,
en nuestra mente, en nuestro ser,
en nuestra forma de pensar, de vivir,
en nuestra forma de ver las cosas y,
de saber qué es digno de querer.
Miremos atrás y veamos los recuerdos,
todo lo que te hice aprender,
todo lo que has sido capaz de pensar,
todo lo que nos hemos podido besar y,
las patadas que le hemos dado al tiempo.
Miremos las tardes gloriosas e infernales,
en aquellas praderas salvajes y marginadas,
donde la más grande de las estrellas, era
quien nos miraba de forma envidiosa,
por ser nosotros quienes no estábamos solos.
Miremos pues el futuro que nos espera,
ese futuro que será mejor que nada,
mejor que todo; un futuro en el que volveremos
a gozar y a enamorarnos mientras me engulles a besos
en aquellos campos de Extremadura, donde la vida se celó.
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